Sobre el horrible arbitraje de Stuttgart

Sobre el horrible arbitraje de Stuttgart

Sostenía el otro día Lama en El Larguero que el Barça da síntomas de empeorar, y se lo discutíamos algunos. Sin embargo, hay ratos del Barça en esta temporada que parecen darle la razón y uno de ellos fue la primera parte de ayer, en Stuttgart. Éste no es mi Barça, que me lo han cambiado, me decía un amigo culé. Se atascó y se fue al descanso perdiendo por 1-0, y eso gracias a la suerte con el árbitro, que rara vez le abandona. Luego, sí, reaccionó y fue mejor. Mandó en el segundo tiempo, empató y regresa con un resultado que debe valer. Un problema menos. Pero el mal primer tiempo queda en el aire como una amenaza.

Aunque la noticia del partido de ayer fue el arbitraje, malo de pe a pa. El bulto sospechoso se llama Kuipers, es hijo de árbitro, es uno de los tres de máxima categoría de Holanda, es joven, de carrera rápida (tiene ya algunas finales entre selecciones juveniles) y arbitra como ayer vimos. Su incompetencia fue irritante hasta convertir en muy arisco un partido que no iba para serlo. Pero algo sí sacó adelante: el resultado bueno. Por extraños vericuetos el partido acabó en un 1-1 que sirve al Barça, tolera el Stuttgart y aquí paz y después gloria. Estos árbitros llegan porque saben escribir derecho con renglones torcidos.

Y ahora nos toca el Sevilla en el frío, en un Moscú a muchos grados bajo cero, donde uno, que conoce bien Sevilla y sus dulces inviernos, tiene que compadecer por fuerza a esos chicos que se enfrentan a un frío de intensidad desconocida en casi toda la tierra. La tregua invernal de la Champions tiene como fin evitar cosas así, pero todavía es invierno y aquello es Moscú. Pero es el Sevilla, el equipo de la casta y del coraje, como cantaba su anterior himno, menos bonito que el actual, pero del que cabe rescatar ese verso. Le costará, pero fútbol tiene para sacar también un buen resultado. Con suerte, pasan los tres a cuartos.