Decidió la pesadilla de Preciado
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Si el primer tiempo hizo concebir esperanza a los rojiblancos que viajaron a Tenerife, tras el descanso apareció la pesadilla de Preciado para impedir que el Sporting regresara a Gijón con algún punto. Se preveía un partido complicado. El Tenerife es de los que aplica un ritmo intenso. Oltra lo aprendió de Preciado en el Levante y el discípulo trató de ganarle la partida a su maestro con sus mismas armas. El acierto fue la clave. Si Sicilia encontró al larguero y a Juan Pablo en el primer remate local, Diego Castro atinó su disparo en la réplica. Pero el Sporting aprovechó la tranquilidad que suelen dar las ventajas.
La dureza de los defensas tinerfeños, con el beneplácito del imprevisible José Luis González, asustó en exceso a los gijoneses, aunque el partido lo desniveló una jugada de infortunio, que fue seguida del desplome del centro del campo y de una frivolidad defensiva que permitió a Nino quitarle el sueño a Preciado. Luego, la fuerza de los locales resultó determinante ante un Sporting entusiasta, pero con un desorden al que no nos tiene acostumbrados. Incluso la derrota pudo ser más amplia, por la utilización de un juego desesperado con el que resulta complicado aspirar a algo positivo.




