Cristiano viaja en el ojo de un huracán
Dio el primer gol con un centro colosal, provocó varias paradas de Alves (una a magnífico tiro libre), le hizo un penalti Chico que el árbitro pasó por alto, le hizo otro Alves, que muchos discuten, pero que para mí fue, lo falló, no celebró el inmediato gol de Benzema, hizo otro gol acto seguido, se quitó la camiseta, se llevó tarjeta amarilla, siguió jugando, creó nuevas ocasiones, se metió en un rifirrafe con Ortiz del que resultó expulsado... En un partido trepidante, en el que el Madrid pudo golear y el Almería ganar, un partido de goles, paradones y alternativas, Cristiano se quedó siempre en el centro de la escena.
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Su figura es grandiosa y sin él el Madrid es otro, sin él cualquier equipo sería otro. Y no estará en Mestalla, consecuencia de su mala reacción de ayer. El día en que Cristiano sólo muestre el lado bueno y domine el malo será un genio definitivo. Ahora tiene que pulir esas cosas, que le pueden distanciar no sólo de los otros públicos, sino del suyo propio (su actitud mientras todos celebraban el gol de Benzema no gustó a nadie) y que le pueden ir haciéndose perder partidos como el de Mestalla. Su lado grande es tan grande que las otras cosas se le pueden mirar con indulgencia, pero cuanto antes las corrija, mejor.
Porque la comparación con Messi siempre la va a tener ahí, y más ahora que ambos juegan en la misma Liga y en dos clubes que llevan un siglo largo mirándose a los ojos. Messi marcó dos goles, no se quitó la camiseta, no mostró ninguna contraindicación. Con sus goles y con el de Ibrahimovic (el décimo que marca en este campeonato) el Barça resolvió una salida difícil, que el Depor le puso cara. Este Barça va a ceder muy pocos puntos, como se suponía. No está el campeonato como para ir regalando nada y menos en campos como el de Mestalla. Cristiano pidió perdón, y eso está bien, pero que no se repita.




