Cristiano declara la guerra psicológica

Cristiano declara la guerra psicológica

Habló ayer Cristiano y dijo que le querría hacer al Barça diez o veinte goles. Toma ya. Suena a grandiosa machada: hacen falta muchas temporadas, muchos soles y muchas lluvias, muchas Ligas, bastantes Copas y alguna que otra Copa de Europa para marcarle al Barça más de diez goles. Y no digamos ya para llegar a veinte. De lo primero se pueden gloriar, después de muchos años, Di Stéfano, Puskas, Gento y Raúl. De lo segundo, nadie todavía. Que Cristiano lo plantee es, evidentemente, una 'boutade' fantasiosa, pero al tiempo tiene algo de hermoso desafío deportivo, de reto ante el gran día: no os temo. Algo parecido a lo de Casillas la víspera, cuando dijo que "miramos al Barça por el retrovisor".

El Madrid está un poco harto de la admiración al Barça, más que justificada y merecida por su juego y por su rosario de títulos, que no tienen precedentes. Pero el Madrid, decía, está un poco harto, porque está acostumbrado a lo contrario, a ser el referente. Cuando Casillas era un niño madridista en Móstoles no veía al Madrid chupando rueda del Barça. Cuando Cristiano era un niño de Madeira fascinado por una leyenda tampoco veía al Madrid chupando rueda del Barça. Ninguno de los dos se ve en ese papel.

Casillas, más de aquí, más cerca, admirador en la selección del juego de Xavi e Iniesta, lo ve todo con más cautela y quizá por eso ayer dijo que le valdría el empate. Con lo que, por cierto, seguiría mirando al Barça por el retrovisor. Pero Cristiano rompe la escapada y aventura diez o veinte goles, los que sean, algo que viene a traducirse por un "¿Quién dijo miedo? Vamos allí a por todo". Preparación artillera psicológica antes del desembarco. Cristiano sabe que va a ser duro, pero menos duro si uno va a por todas. La fe mueve montañas, mueve resultados. Y Cristiano se tiene fe, mucha fe. ¿Quién si no?