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Sobre platinato, villarato y otros 'atos'

Sobre platinato, villarato y otros 'atos'

Está Europa un tanto escandalizada por el gol que Martin Hansson le concedió a Francia, tras jugar Henry el balón con la mano. Y bien que lo jugó: utilizó el brazo como una cesta punta, para recogida, amortiguación y proyección del balón hacia la cabeza de Gallas. Martin Hansson no vio eso, mala suerte. Hace más o menos un año que este mismo árbitro le señaló un penalti surrealista al Liverpool contra el Atlético, por un choque en el aire entre Pernía y Gerrard. Aquel penalti le venía bien al Olympique, el club por el que Platini se estaba batiendo en esos días. Me quedé con el nombre del árbitro. Ese día vio lo que no pasó, anteanoche no vio algo que sí pasó. Cualquiera se puede equivocar, vale. Arbitrar bien es difícil, vale.

Se decide en décimas de segundo, vale. Los árbitros corren, se cansan, tal o cual jugada les puede pillar mal colocados, con la vista nublada, lo que sea, vale. Lo que no vale es que equivocarse según y como tenga premio, que no haya expiación tras un error grave. Lo que no vale es que un penalti imaginario como aquel de Anfield no retire discretamente al mal juez del primer plano durante un tiempo. Lo que no vale es que se le dé un partido de tanta importancia tan seguido de aquel error. Pero se le da.

Y enseguida sale el tal Ovrebo, el de los penaltis no pitados contra el Barça en el campo del Chelsea a defenderle. Otro que tal anda, y son legión. Son los espabilados que se alimentan de ese sistema en el que 'el azar del error', tan asociado a la esencia del fútbol (el tiro al palo, el fallo increíble, la lesión inoportuna... el fallo arbitral) se convierte, en lo que se relaciona con el arbitraje, en cálculo insano. Dime cómo te equivocas y te diré hasta dónde llegas. En eso consisten el platinato, el villarato y cuantos 'atos' quieran imaginar. Del fútbol me gusta todo menos ese cinismo de los que lo dirigen.