Miedo escénico para voltear al Alcorcón
Francamente, encuentro extraña la situación. Hace años que he asistido a muchas vísperas de estas, ante partidos en los que el Madrid debía superar una goleada sufrida en campo contrario. Algunas son legendarias. Existe una serie, que tenía un precedente relativamente próximo en la noche del Derby County, y que luego se fue desgranando en gestas inolvidables de La Quinta del Buitre, cuando aquellas goleadas en la ida que cuanto mayores fueran más promesa de emoción y épica para el partido de vuelta encerraban. Noches en las que el Madrid siempre conseguía el gol que le faltaba. Noches de fábula. Eso fue lo que llevó a Casillas, años después, a invocar 'el espíritu de Juanito' para remontarle al Zaragoza un 6-1 en la Copa.
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Aquello enfebreció mucho, de hecho el partido se puso pronto 3-0, y fue la llamada a la prudencia de López Caro lo que frenó la marea que subía y subía. Ya entonces hubo quien vio en aquella movilización un cierto uso desproporcionado de los valores más profundos del club. Hay ciertas armas, vendría a ser el razonamiento, que deben ser guardadas para el frente europeo. En casa, en la Copa de España, entre vecinos, no pega. Entre bomberos no nos pisamos la manguera. Ahora es lo mismo, pero más. El Alcorcón no es que sea español, es que es casi Madrid y mayoritariamente madridista.
¿Cómo se puede sacar frente a él el 'miedo escénico', la gran arma nuclear del Madrid? Y sin embargo, una goleada escandalosa y limpia en el partido de ida pone al Madrid en la menesterosa posición de apelar a todo lo que tiene para barrer del campo a ese honrado grupo de futbolistas, a los que tratará de cocer en el fondo de una olla a presión. "Respetar al rival es atacarle con todo", me dijo alguien en un caso parecido. Y así será, pero hay algo que incomoda en esta desproporción.




