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El Barça está perdiendo la continuidad

El Barça está perdiendo la continuidad

La verdad es que el Barça debió ganar en Pamplona, y casi gana, y eso que Osasuna jugó ciertamente bien. Pero no es del todo cierto que el gol final fuera un accidente: fue una buena jugada que desnudó a Márquez y que acabó en un balón venenoso en el borde del área chica. Y esos balones pueden transformarse en gol. Y para entonces el Barça no tenía más goles en la espalda que el solitario de Keita. Habría podido lograr alguno más, sí, pero no lo logró, quizá porque su juego fue bueno sólo a ratos. Cuando enchufa la máquina, el Barça vuelve a ser excelente. Pero ha perdido la continuidad.

Y se me hace extraño. Ha hecho algunos partidos excelentes, algunos más flojos, otros en los que ha combinado acelerones y frenazos, como el de Pamplona. No es la persistente excelencia de la temporada anterior, y de ahí que sólo se haya despegado un punto de este Madrid que empezó vacilante, y que en la Champions tenga que viajar al frío con una peligrosa derrota atada al pie, como la bola de un preso. Sigue mereciendo mucho la pena ver cualquier partido del Barça, pero la seguridad de que va a jugar bien todo el tiempo, por todo el campo y en todos los campos está empezando a desaparecer.

Me extraña. Y me extraña aún más ver ahí a Chygrynskiy, que me hace el mismo efecto que me hizo ver a Samuel en el Madrid galáctico, el que me haría un navajero en el ballet Bolshoi. Es inquietante su presencia ahí, su visible torpeza. Igual que es inquietante la presencia de Henry, carne de banquillo aun sin haber conseguido el club ninguno de los muchos 'onces' que pretendió: Robinho, Robben, Mata, Silva y Riera. Como es inquietante también pensar que en enero Touré y Keita (felicísimo goleador estos días) tendrán que irse a la Copa de África. No, ya no todo le sonríe al Barça como antes.