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España: la insistencia en la excelencia

España: la insistencia en la excelencia

¡Por fin! ¡Campeones de Europa! En la repletísima vitrina de la Federación Española de baloncesto faltaba este trofeo, que se había rozado antes seis veces. Seis medallas de plata en otros tantos eurobáskets, que ahora se cambian por fin por oro. Un mérito más de esta generación, que gana y gana, que siembra y siembra. Porque la de ayer ha sido la octava medalla del baloncesto español en el año. Detrás de estos que ayer escuchaban emocionados el himno hay una nubecilla de equipos, de chicos o de chicas, que también se han puesto a ganar. Es una rueda que ya se ha puesto en marcha y no para.

Esta generación cogió una bandera caída, que nadie había conseguido levantar desde aquella derrota ante Angola, en Barcelona 92, feo e inesperado cierre de una época gloriosa. Quizá ahora no lo recordemos, pero no hace tantos años los partidos de la selección de baloncesto no encontraban televisión que los ofreciera. Ahora sus partidos paran el país, que respira orgulloso por el juego y las maneras de este equipo que ganó el oro en Tokio, la plata olímpica en Pekín ante EEUU y una plata en Madrid que ahora cambia por oro puro. Un grupo que ha sabido rehacerse tras un mal arranque.

Porque esto empezó mal. Pobre juego, dudas, malas caras, dos derrotas... Hasta que llegó la catarsis con la frase de Marc Gasol, todos se hablaron, se miraron a la cara y rehicieron, con nobleza, los lazos entre sí y con el juego que antes les habían unido. Y de nuevo el equipo fue el vendaval que conocíamos, inspirado por Pau Gasol, al que ni su anillo NBA ha saciado el hambre, como demuestran sus 168 puntos en el campeonato. Este es un grupo que siempre nos había dejado buenos ejemplos. Ahora nos ha dejado el mejor de todos al superar sus diferencias en favor del bien común. Gracias otra vez.