Yo digo Moisés Llorens

Claudia, José, la dulce yaya y el partidazo

Moisés Llorens
Importado de Hercules
Actualizado a

Rosario. Barrio de Iriondo. En una de sus interminables calles, con un jardín coqueto, discreto, pero que da aire de tranquilidad a la casa. Un grupo de seguidores, vestidos de arriba a abajo con los colores del Atlético, vibrarán ante el televisor. Para verlo: Claudia, la fiera mamá aguardará con calma tensa; José, el futbolero abuelo, verá cómo se les van las piernas en incontenibles actos reflejos y Beatriz, la tierna yaya, se encerrará en la cocina sin querer asomarse más que cuando los gritos de ánimo traspasen puertas y paredes en sinónimo de felicidad. Habrá más personal, claro. Y en pocas semanas, una nueva en la familia. Pero eso es otra historia.

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La casa de los Rodríguez, los archiconocidos Rodríguez de Iriondo, barrio que vio nacer a Maxi hace 28 años, aguardan con ansiedad el partido. Saben que los atléticos necesitan un triunfo, más que nada para acabar con las dudas y que vayan cesando las críticas con las que castigan al equipo. El diestro es hábil, su participación el martes ante el APOEL cambió el rumbo del partido y sólo dos centímetros de mala suerte le vetaron de la gloria. En Iriondo lo gritaron tanto como el año pasado, cuando un zapatazo de Maximiliano parecía darle vidilla al Atlético, ahogado en cinco minutos, cuando los culés sentenciaron al colectivo y desesperaron a Gregory Coupet en el arranque.

Messi también es natural de Rosario, la ciudad que vio nacer a la bandera argentina, aunque él se crió en Barcelona. Y ambos mamaron Newell's Old Boys. Estaremos pendientes aquí, pero allí, también. Los leprosos esperan ya el partidazo de mañana.

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