Yo lo llamaría Estadio Ricardo Zamora
El Espanyol vivió ayer una hermosa fiesta con la inauguración de un campo con el que soñaba desde que dejó el viejo y querido Sarriá. En Montjuïc nunca se sintió en su casa. Un buen estadio, pero en lo alto de una montaña, no muy accesible, y siempre con una cierta sensación de frialdad, de estar de prestado. Además, con pista de atletismo. Ahora tiene otra vez su propia casa, fuera de Barcelona, pero en realidad dentro de 'la gran Barcelona'. Una portería está en Cornellá y la otra en El Prat. Un estadio magnífico, para 38.000 espectadores, todos sentados, casi todos cubiertos.
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Y una inauguración estupenda, con la visita de un grande de Europa, el Spanish Liverpool, reserva de jugadores de la selección española. Allí estuve, codo a codo con Tomás Guasch, que vivió la noche con la emoción del buen perico. En la víspera le pregunté cómo se iba a llamar el campo: "No tiene nombre aún. De momento se llama Estadio Cornellá-El Prat." "¿Y por qué no lo llamáis Ricardo Zamora?" "¡Hombre! Eso mismo pienso yo y se lo digo, pero me dicen que como también jugó en el Barça y en el Madrid. A ver si les convences tú." Y anoche me dediqué a dar la brasa con eso cada vez que pude.
Porque sí, Zamora jugó también en el Barça (dos años) y en el Madrid (seis) pero 'también'. Sobre todo jugó en el Espanyol (entonces Español), donde estuvo diez temporadas. Allí se hizo, allí estaba cuando alcanzó gloria mundial en Amberes, allí jugaba cuando en una gira por Uruguay un periódico llegó a ofrecer una moneda de oro al primero que le marcara un gol. Aquello queda lejos, pertenece a la generación de mi padre, ya desaparecida, pero recordando lo que ellos decían y repasando lo que de él se escribía, en España y sobre todo fuera, aún siento un inmenso respeto. Y fue carne y sangre del Espanyol.




