La dieta de la crema pastelera
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Hubo risitas tontas la primera vez que Pancho Puskas pisó un entrenamiento del Real Madrid. Apareció primero la barriga, ella sola en chándal, y luego él detrás, con la zurda renqueante. No estaba en forma ni falta que le hacía. Luego adelgazó, pero a su pierna le daba igual ocho que ochenta, goles o churros de San Ginés. Nunca volveré a ser el figurín de 1954, pero -pensaba mientras se repeinaba la gomina-, en la Cava Baja se come mejor que en el Budapest comunista.
A Ronaldo le bastó con media estampida para sacar del pozo al Corinthians, un club perfecto para su dieta. Del merengue pasó a un equipo cuya primera camiseta era el color crema. Crema pastelera. Un color que se acabó blanqueando con los lavados, casi como el espíritu amateur que inspiró el origen del club. El nombre de Corinthians se vincula siempre al fair play, a no jugar por dinero sino sólo por el placer de hacerlo. Ronaldo está en el equipo que mejor se ajusta a esa estampa de rey de la pachanga y va a estropearlo. No piensa en el fútbol al operarse el michelín, sino en su aspecto fuera del campo, algo que nunca le importó. Este sí puede ser el principio del fin.



