La repercusión del fichaje de Cristiano
La repercusión global que ha tenido la presentación de Cristiano Ronaldo (a mí me pilló en Londres y puedo dar fe de ello) va más allá de la euforia de las decenas de miles de madrileños o paseantes en la Villa y Corte que abarrotaron el Bernabéu. Con este suceso y con el de Kaká, que no se le quedó lejos, queda claro que sí, que hay jugadores que tienen algo más. Por eso sus precios se disparan. Jugadores así le dan al Madrid una dimensión que luego rentabiliza, no sólo en camisetas, sino en valoración ante los sponsors, en sus giras... Eso es lo que justifica los enormes desembolsos.
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¿Y por qué no pasa con otros clubes? Me lo preguntaba con cierta malicia alguien hace poco en el chat que suelo mantener los lunes. ¿Es que en el Milán son tontos? ¿O en el Manchester o en el Barcelona? No son tontos pero no son el Madrid. Esto no le gustará leerlo a alguna gente, pero es así: el Madrid conserva un carácter mítico especial, porque se instaló en el imaginario de las gentes en los albores del fútbol moderno, allá por los cincuenta, con las cinco primeras copas de Europa, con su color blanquísimo que destacaba en las películas de blanco y negro de la época, con su excelencia elegante y efectiva.
Sólo hay un Mejor Club del Siglo XX y es a ése al que le sientan mejor los galácticos, porque juntos, club y galácticos no suman, sino que multiplican sus valores respectivos. El fichaje de Kaká o Cristiano por cualquiera es una bomba, pero es más bomba si ficha por el Madrid que por cualquier otro grande, y ayer lo hemos comprobabo de nuevo al percibir el eco internacional del acto. Claro, que estos precios que paga Florentino por los galácticos tienen un efecto malo: todo el mundo quiere venderle según esa tarifa. Y no es lo mismo ser galáctico que no serlo. Galácticos hay muy pocos.




