Del nueve de Di Stéfano al de Cristiano
El nueve se presenta a las nueve, y se sabe que se armará la gorda, más que con Kaká. El nueve, ya saben, es Cristiano Ronaldo, al que si se trata de abreviar yo prefiero llamar Cristiano a secas mejor que Ronaldo a secas, porque para mí Ronaldo sigue siendo el otro, y por mucho tiempo. También fue nueve, por cierto, aunque al principio tuviera que disfrazarse con el once, porque el derecho al número sagrado le pertenecía a Morientes por antigüedad y contrato. Nueves fueron también Pahíño, Santillana, Hugo Sánchez... y Di Stéfano. Sobre todo Di Stéfano, el hombre que cambió al Madrid.
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Florentino se hizo aficionado al fútbol viendo a Di Stéfano junto a Puskas, Kopa, Santamaría y algunos buenos españoles, entre los que descollaba a Gento. Aquel Madrid imperial le dejó huella, y fue eso lo que quiso repetir en la ocasión anterior (la tarea le quedó a medias) y lo que intenta ahora de nuevo. Aquel equipo. En el primer intento, como ahora, consiguió reunir muchísimo talento. Faltó la constancia, el trabajo, en algún momento podríamos decir que hasta la decencia, tomada en un sentido venial. Ahora se trata de que al talento se unan la constancia y el trabajo. De no repetir fallos.
Aquel equipo colgaba de aquel nueve, Di Stéfano, no sólo en el juego, sino en el ejemplo entre semana. Tenía la constancia de Raúl y el talento del más talentoso de los galácticos. Tenía clase, velocidad, visión, fiereza, solidaridad y gol. Junto a él nadie podía parar, ni en el partido ni entre semana. Cristiano es para mí un coloso del fútbol, imponente jugador de ataque por cualquiera de las bandas o por el centro. Y sé que se entrena muy bien. Pero hay algo en lo que tiene aún un recorrido por delante: en solidaridad, en comprensión del fútbol como un juego de equipo. Y debe recorrerlo pronto.




