Etoo y Laporta afean este gran Barça
Si no fuera por Etoo y Laporta, la perfección del Barça sería casi empalagosa. Hace el mejor fútbol posible, está cargado de cantera, Puyol, Xavi e Iniesta son muchachos queridos e inobjetables, Guardiola es directamente inmejorable como entrenador y como icono del club, anuncian UNICEF, tienen a Messi, el himno es colosal, ganan el triplete, ganan la Liga de veteranos, tienen un montón de secciones que ensanchan la base del club y representan algo que va más allá del deporte.
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Demasiado perfecto, decía, si no fuera por Etoo, eterno verso suelto, y por Laporta, que mete la pata a poco que pueda. Etoo es, como Guti, un rebelde sin causa. Pero en lugar de ser melancólico, como el madridista, es volcánico. Su protesta consiste en jugar mejor, entrenar más, meter muchos goles y hablar sin cálculo. Está atacado por el mal de la egolatría y soporta fatal que el barcelonismo no le tenga como favorito. Antes sufrió por Ronaldinho, y ahora me da que sufre por Messi. O por Guardiola. Siempre, por méritos que haga, se encuentra con que el amor del público se inclina por algún otro y eso le tiene endemoniado, en una actitud de permanente despecho, queriendo irse y queriendo quedarse a la vez.
Y Laporta. No carguen en su mérito esa perfección del Barça. Llegó con la intención de fichar a Ayala, Albelda y Aimar. Rosell le convenció de ir por Ronaldinho y Deco, con los que triunfó, en vista de la cual le hizo la cama al propio Rosell. Luego se embolicó, salvó por los pelos la moción de censura (60% de votos en contra) y, desesperado, se agarró a Guardiola. Así dio con la tecla sin saber ni cómo. Pero han bastado dos fichajes del Madrid para que olvide la tremenda importancia del triplete y se entregue a una escalada de declaraciones que engrandecen a su rival. Su nerviosismo delata su impostura.




