Pues a mí este campeonato me gusta
Arranca la Confecup, Copa de las Confederaciones por nombre completo, el último invento de la FIFA para hacer perras y abrumar el calendario. Hace años que hay un pulso entre el fútbol de clubes y el de selecciones, entre las personas que llevan aquél y las que llevan éste. De ahí las pugnas como aquella del G-30 y la UEFA, y así. Poco a poco se ha ido llegando a una paz fría, una paz nacida de la resignación de los clubes ante la certeza de que, o rompen la baraja, o transan en lo posible con el mundo de las federaciones, que manejan arbitrajes y calendarios. O sea, la sartén y el mango.
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De aquellas pugnas por ocupar calendario salió esta conquista para el fútbol de selecciones que es la Confecup, en la que luciremos desde hoy nuestra flamante condición de campeones de la Eurocopa. No es un Mundial de verdad, desde luego. No esperemos ver allí los millares y millares de hinchas con caras de colores, según el país y la selección de que son devotos. Es aún un torneo experimental, que en este caso sirve para rodar a Suráfrica con vistas al Mundial próximo, que organizará aquel país, dentro de un año. Pero es un buen torneo, en el que defendemos, más que un título, un estilo. Y me gusta.
Me gusta porque frente al fútbol cosmopolita de los clubes, en el que las megaestrellas van de un lado a otro y todo se mezcla y confunde, aquí podemos ver el fútbol interpretado por cada cual según le inspiran su cultura, su físico y su tradición. Seis continentes, ocho pueblos, ocho estilos. Empezamos con los altos y rubios neozelandeses, que acaban de ceder por un ajustadísimo 4-3 frente a Italia. No hay enemigo pequeño, ya se sabe. Del Bosque ha ido con lo mejor que tiene, salvo las bajas sensibles de Senna e Iniesta. Ha ido a ganar este torneo, porque el prestigio no se regala. Que ruede el balón.




