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Cristiano, Kaká, siete días, 161 millones

Cristiano, Kaká, siete días, 161 millones

Cristiano Ronaldo en 94 millones, Kaká en 67... En una semana, Florentino ha ilusionado a los madridistas y escandalizado a los que no lo son. Incluso a algunos de los que lo son. Parece un gasto obsceno en plena crisis. Cuando tantas empresas cierran y tanta gente se va a la calle, resulta estrepitoso este gasto en dos futbolistas, y más todavía cuando se sabe que esto no va a parar ahí, que aún están abiertas ofertas por Villa, Xabi Alonso, Ribéry, Silva y otros de menor cuantía. Mucha gente mira hoy al fútbol, y más al Real Madrid, como una burbuja insensata en la que todo derroche es posible.

Habrá que mirarlo como es. Y el fútbol es, entre otras varias cosas, una poderosa industria del espectáculo. Florentino cree saber, y de hecho lo ha demostrado, que jugadores del más alto nivel le producen a su club ingresos superiores, justo los que necesita para sobrevivir como empresa. En otros clubes no sería así, pero en el Real Madrid, que habita en el imaginario de tanta gente de todo el planeta, esas inversiones descomunales resultan rentables, porque producen ingresos mayores. Lo demostró la vez anterior. El modelo fue un éxito económico. El fracaso se debió a la vanidad y a la indisciplina.

Porque el Madrid, gracias al eco de aquellos galácticos, ha seguido ingresando muchísimo dinero. Necesita nuevos galácticos para seguir funcionando así. El gran fracaso de Calderón fue no poder ficharlos; con ellos, hubiera resistido mejor sus otras torpezas. Con su política agresiva, Florentino inyecta en el fútbol, vía Milán y Manchester, un dinero que está seguro de extraer de fuera de él. Está seguro él como están seguros quienes se lo prestan, que si lo hacen es porque piensan recuperarlo. No lo prestan en otros sectores porque temen no recuperarlo. Esa es la realidad, triste y dura, pero realidad al fin.