Villa, paseante en la Villa y Corte
Villa pasó ayer por Madrid, lo que provocó algún revuelo. "También estuvo el día anterior en Barcelona", me comentó alguien, y es verdad. Pero en Barcelona estuvo por un acto publicitario de Adidas, al que le obligaba su contrato, mientras que en Madrid no era el caso. En Madrid estuvo, explicó, para comprarse un traje para la boda de su cuñado. Un motivo como otro cualquiera, aunque algo chocante. Se supone que en Valencia hay trajes y de calidad, salvo que ocurra que todos hayan sido embargados, hasta nueva orden, por el juez que investiga la causa sobre las dádivas a Camps.
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El caso es que Villa, además, estuvo donde le podían ver. Madrid parece muy grande, sobre todo visto desde fuera, pero en el fondo sigue siendo un poblachón manchego en el que, a poco que se intente, uno puede encontrarse con quien quiera. El mundillo del fútbol se mueve en cinco restaurantes situados en un kilómetro a la redonda. Si no quieres que te vean, basta con comer en otro sitio. Si quieres ver o ser visto, basta con ir a uno de esos. Y a uno de esos fue ayer Villa y, claro, al poco rato su foto estaba en las webs. Gafas de sol, cara de sí pero no, y una frase enigmática: "Sólo sé que el año que viene jugaré la Champions". A Villa se le quiere aquí, en Madrid. Y en toda España.
Es jugador hábil, certero y corajudo. Tiene en su haber un mérito especial: desplazó a Raúl de la Selección, asumió, gallardo, el 'siete', y ha marcado una pila de goles para La Roja. Le quiere el Barça, le quiere el Madrid en la voz de todos los candidatos y en el suspiro de toda la afición. Le quiere también el Valencia, claro, pero nadie está seguro de que pueda retenerle. Villa va a ser uno de los nombres del verano. Y a él no parece importarle que se hable de ello, ya que viene a buscar trajes a ese kilómetro cuadrado de poblachón manchego en el que nos vemos todos.




