El gol de última hora siempre es un trueno
El fútbol es así, y el Atlético también. Hace dos semanas el partido del Manzanares fue un drama. El Atlético venía de perder 5-1 en Santander y la afición estaba harta y como tal se expresó. Con algún exceso (en lo que se refiere a Pernía) pero con verdad y sinceridad. Con la misma verdad y sinceridad se entregó ayer a un equipo que se vació porque sabe que tiene la obligación de disputar la Champions y que hizo en la segunda mitad un esfuerzo enorme, acompañado del buen juego de algunas de sus figuras.
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Particularmente de Agüero y, sobre todo, Forlán, el héroe de la noche. El héroe de muchas noches. El cliente siempre tiene razón, reza un principio de los buenos comerciantes. Aquella repulsa hizo reaccionar al equipo (y al club, que ha soltado los lastres de Maniche y Seitaridis) y ha provocado este abrazo. El cliente siempre tiene razón, sí, y conviene recordárselo a García Pitarch, al que el otro día vi desafortunado en unas declaraciones en las que se metió con El Niño Torres y con la afición. Sólo le faltó meterse con la Virgen de La Paloma, vamos.
Eso es desconocer la casa en la que trabaja. La afición del Atlético es la del otro día y la de ayer: responde con sentimiento. Y al Niño, ni lo toque. Él siempre fue ejemplar. Fue una noche de fútbol hermosa, epílogo de una jornada emocionante, en la que nos quedamos sin alirón por un solo minuto. Los goles en 'zona Cesarini' (Iniesta, Llorente, Forlán) han protagonizado la semana. Son goles que retumban como truenos porque suelen llegar en condiciones dramáticas, y alteran no sólo el marcador del día, sino también el curso general del conflicto. Ayer, al Barça le tocó sufrirlo, del mismo modo que hace pocos días lo gozó. Fue un chasco, pero pasajero. Peor sabe la lesión de Iniesta, el jugador modelo por tantos conceptos. Sería doloroso no verle en las dos finales.




