Cristiano, Kaká, Xabi Alonso, Cesc...
Una gran galopada primero, con buen centro atrás que coge a contrapié a Gibbs, cuyo resbalón aprovecha Park para marcar; luego, muy pronto, un tiro libre tremendo, con 'folha seca', que supera la corta barrera y gana el palo desguarnecido de Almunia; finalmente, en la segunda parte, un contraataque que inicia él mismo, con taconazo a Park, que acompaña a la carrera mientras pasa por Rooney y que finalmente remata a placer. Cristiano Ronaldo necesitaba un partido así en las grandes alturas de una gran competición para despejar dudas. Estamos ante un jugador superior, de los que aparecen cada mucho tiempo.
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Quizá le perjudica cierto aire de niño consentido que se le veía, sobre todo, en sus primeros dos años. Algunos caprichos en su juego, que ha ido depurando, hicieron que se le mirara con desconfianza. También, claro, su condición de 'sex symbol' y su continuo ejercicio como modelo publicitario. Pero eso no le impide ser futbolista en serio, como no se lo impedía ser a Beckham, sólo que este es muchísimo mejor, infinitamente mejor.
El cuerpo que tiene no se modela en los platós ni en las discotecas, sino con un trabajo continuo y exigente. No hay que juzgarle equivocadamente: contra lo que se piensa, es un gran profesional. A su físico privilegiado une esa gran técnica para la que se apoya en su velocidad, pero que no se detiene ahí. Tiene una tremenda pegada, cabecea, no es egoísta. Esta eliminatoria la ha resuelto él y ahora espera verse en Roma ante el Barça, donde está el otro genio del momento, Messi. Ellos se van a disputar el Balón de Oro y el FIFA Player de este año, y esa final, en la que todos estamos seguros de ver al Barça, dará muchos puntos. Y luego, si todo sale como presumo, le veremos en el Madrid junto a Kaká, Xabi Alonso y Cesc o Silva. Y Florentino emprenderá con ellos la difícil tarea de desbancar al Barça.




