El duro fajador contra el fino estilista
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Llegó el día. El Madrid ha luchado denonadamente durante meses para llegar a este partido con posibilidades. El Barça ha apretado también lo suyo, en la pretensión de que no fuera así, de poder despegar a ese perseguidor molesto para dedicar los últimos afanes del año a la Champions y a la final de Copa. Pero llegó el día y aquellos doce puntos son hoy sólo cuatro. El partido es, como dice Laporta, decisivo para el Madrid y sólo 'importante' para el Barça, que puede perderlo y ser campeón. El Madrid tiene que ganar o ganar. Pero a él le debemos que haya partido, que haya Liga. Su mérito ha sido tremendo. Y también el del Barça, que ya tiene puntos suficientes como para haber ganado casi todas las ligas disputadas hasta la fecha.
Y no confundamos la excelencia de su juego con simple don natural: detrás de ese equipo hay mucho trabajo de entrenamiento, trabajo físico e intelectual, esfuerzo, meditación y ambición. Ha ido a por las tres competiciones sin desmayo, ha prestado sus jugadores a las selecciones en cada descanso. Esos muchachos no han parado nunca, salvo caso de lesión, y éstas han sido escasas. Por eso han perdido chispa, sobre todo los de arriba, que viven de la inspiración. No es posible jugar tanto y no notarlo. Esa es la baza del Madrid, que se ha ahorrado, bien a su pesar, muchos partidos entre semana, en Champions y Copa, y cuyos dos delanteros principales, Higuaín y Raúl, no cuentan para sus respectivas selecciones. Ha sufrido muchas lesiones, pero los que salgan esta noche no son peores que los que faltan y mantienen íntegro su poder futbolístico personal. El choque se iguala por esa diferencia de fatigas y de tareas pendientes. Al Madrid le conviene un partido físico, agotador. Al Barça, al revés: le conviene esconder la pelota, parar, templar y mandar. En fin: el duro fajador contra el fino estilista. Un clásico.




