Barça y Madrid: las dos maneras de ganar
Empezó el partido, avanzó Iniesta y, falto de compañero desmarcado al que enviar la pelota, decidió ponerla en la escuadra. Iban dos minutos, como mucho. Los tres puntos volvían a ser seis, la presión, labrada a fuerza de sangre, sudor y lágrimas por el Madrid en la víspera, se había evaporado. Ese gol de Iniesta me recordó una frase clásica, que dejó el San Lorenzo de Almagro en una gira por España, ya muy lejana en el tiempo, allá por los cuarenta: "El gol es un pase a la red". Iniesta, falto de compañero desmarcado, envió su pase a la red y ahí se acabó todo. Varas se había encomendado a la Macarena, pero ni por ésas.
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El Barça es muy bueno. Es como la Selección, pero con Messi. Y si no sale Messi (lujo que se permitió ayer) entonces es 'sólo' como la Selección. Ante ese equipo dimitió casi de partida el Sevilla, que dejó fuera a Duscher y a Kanouté, pensando que más vale tenerlos frescos para el domingo, ante el Madrid, que cansarlos en esa estéril persecución del fantasma de la sombra del rastro de un balón en que se convierte para cada adversario cada partido contra el Barça. Fue gol de Iniesta, luego Iniesta dio el siguiente, luego marcó el suyo Xavi, y así siguiendo. En pos de los 107, en pos de la Liga, en pos del triplete.
La calidad del Barça no debe servir para minimizar al Madrid, más bien al revés. Las tribus indias medían su importancia por la de las tribus rivales. Estar a seis puntos de este Barça, aparentar al menos que aún se le puede disputar la Liga, es un valor. Pero el contraste no se puede obviar: el Madrid saca su partidos a revientacalderas, con lesionados, expulsados, héroes de Cascorro que van hacia lo desconocido con un mechero, una lata de gasolina y una cuerda para que los suyos recuperen su cuerpo. El Barça los saca soplando, con pases a la red, relajado, cantando una nana. Y aún así, a pesar de todo, hay Liga. Y que dure.




