La amenaza turca ya no es lo que era
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El enemigo turco. Todavía he oído yo hablar de eso en el colegio de curas en que me hice bachiller. La cristiandad tembló tanto cuando Solimán llegó a las puertas de Viena que ni siquiera con Lepanto se nos quitó el susto. Encima, lo del bambino, del que me hablaban no los curas, sino mis tíos, futboleros ellos, que tenían clavado lo de Franco Gemma y la papeleta turca que nos dejó fuera del Mundial de 1954. (En la edición de ayer se lo contábamos bien). Mi generación recibió otra dosis de aprensión contra los turcos con la película 'El expreso de medianoche', que ofrecía un retrato siniestro del país. De ahí que siempre que algún equipo español visita Turquía aún se nos viene a la pluma eso de 'infierno turco'. Y no, no es así. Los turcos son como nosotros, gente mediterránea al fin, aunque del otro extremo, tierra también de cruce de culturas, amantes de lo suyo y futboleros en buen grado. Lo que no tienen ahora mismo es tan buen equipo como nosotros, así que no pienso que se repita lo del 54. Eso sí: son difíciles de ganar.
En la Eurocopa llegaron a semifinalistas salvándose de la eliminación tres veces por la campana. 'El milagro como táctica', tituló Fermín de la Calle. Y así era. Pero les falta bastante gente, y lo van a notar. Por nuestro lado, la mala noticia es que faltan Iniesta y Puyol, pero la buena noticia es que están todos los demás. Este grupo lleva veintiséis victorias, tres empates y cero derrotas en sus últimos veintinueve partidos. Y una Eurocopa. Con Del Bosque los ha ganado todos. Juega como los ángeles, llenará el Bernabéu y ganando hoy pondrá ya a Turquía a siete puntos. Más de medio billete para el Mundial. Y el miércoles, devolución de visita. Y no, no será un viaje al infierno, sino a un país precioso, diverso, enorme, culto y mediterráneo. Imprescindible.




