El mérito del Madrid es que haya Liga
Madrid-Almería, Barcelona-Málaga. Sigue la persecución. El Madrid, que hizo una mala primera vuelta, entre lesiones, villarato y un Schuster que se ausentó mentalmente del problema, sigue empeñado en dar caza a ese Barça que ha superado el bache, ha aprendido a convivir con el acoso y ha recuperado su golpe de pedal. La esperanza del Madrid es que dentro de unas semanas, a la vuelta del parón, el Barça encontrará obstáculos entre partido de Liga y partido de Liga: la Champions y la final de Copa, absurdamente metida, una vez más, en medio del calendario, en lugar de como corona final del mismo.
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Así que el Madrid corre 400 metros lisos y el Barça corre 400 metros vallas. Ese es el hándicap que puede igualar las cosas, porque, por lo demás, es difícil dudar de que el Barça, con todas sus luces encendidas, es imbatible de igual a igual. Un grandioso equipo este Barça. Ahora que ha pasado su mes malo, se puede insistir. El Barça merecería jugar vestido de luces, como los toreros grandes. Con Messi y Alves a la derecha, tan explosivos. Con la calma sabia de Xavi, el talento inquietante de Iniesta, la fiereza de Etoo, el reencuentro de Henry con su aire perdido de atacante superior. Y el compromiso de todos.
El mérito del Madrid es que al menos haya Liga. Tantos enemigos como tiene (la excitación de los públicos de El Molinón y San Mamés son como para pensar) no pueden dejar de reconocerle esa condición de indesmayable, a la que con tanta frecuencia ha acudido en su historia. Cambiando de entrenador, cambiando de presidente, metido en precampaña electoral, goleado en Anfield, el Madrid sigue y sigue, como el conejito de Duracell, en pos de ese Barça que está capacitado para el triplete, pero que no consigue despegarle del todo. En fin: Barça-Málaga y Madrid-Almería. La persecución sigue.




