Liga europea contra ligas nacionales
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El proyecto de una gran liga europea es un fantasma recurrente. Ahora se vuelve a plantear, con calendario intenso, todos contra todos, aunque sin devolución de visita (a algunos te tocaría recibirles, a otros visitarles). La cosa terminaría con cuartos, semifinales y final. Garantizaría 19 partidos a todos, los cuartofinalistas harían 21, los semifinalistas 23 y el campeón 24. Con el sistema de ahora, el campeón juega 13 partidos o alguno más si viene de la previa. El Madrid ha jugado ocho, y el Atlético diez, en esta edición. En el nuevo modelo habría además tres divisiones, con ascensos y descensos entre ellas. Todo, claro, un poco a costa de las competiciones nacionales, que se pretendería rebajar a dieciséis equipos. Se supone que un modelo así daría más dinero al fútbol, pero yo no estoy seguro de eso.
Estoy seguro de que esta idea va a dar dinero a consultorías que la manejen e informen sobre ello, y a quienes encarguen esos estudios. Pero que dé más dinero al fútbol lo dudo. Primero, porque la gente ya se gasta en fútbol todo el dinero que está dispuesta a gastarse. La oferta es amplia e intensa. Y segundo, porque el interés de los campeonatos locales es, hoy por hoy, todavía muy intenso. El razonamiento sobre la liga europea olvida para mí dos cosas: el gran valor de los grandes partidos europeos es su excepcionalidad. El Manchester, la Juve, el Bayern o el Liverpool no pasan por aquí cada año, de ahí el aire mágico de esos partidos. Una liga quizá los vulgarizaría. También debemos saber que un Athletic-Madrid o un Barça-Valencia tiran hoy por hoy más que un Roma- Madrid o un Barça-Schalke. Digo que es así porque lo sé, porque vendo periódicos y veo audiencias de televisión. Por eso pienso que hay que manejar la idea con cautela, no vaya a ser que acabemos por hacer un pan como unas tortas.




