La persecución pasa por San Mamés
De Anfield a San Mamés. El Madrid está en la semana de los escenarios solemnes. Una conexión invisible une esos dos campos, en los que todo se parece: el césped húmedo, el grito de la grada, el juego rápido, la tradición hermosa. El Athletic viene de los mayores apuros de su historia, que ya va superando, y ahora encara por fin una nueva final de Copa. Aquella noche ante el Sevilla está tan presente que no hay nadie que no se sienta seguro de poder repetirla. Con Llorente arriba, con Yeste dirigiendo la maniobra, con todo el equipo empujando y las gradas cargadas de una electricidad especial.
Noticias relacionadas
Durante muchos años (hasta los sesenta) el Athletic era el equipo más temido por el Madrid. Hernández Coronado, uno de los grandes personajes del club blanco, dejó escrito que no se puede estar seguro de un jugador hasta que no le has visto tres o cuatro veces de visitante en San Mamés. Han pasado los años, nuestro fútbol se ha llenado de extranjeros y el valor relativo del Athletic no es el mismo, pero cuando recibe al Madrid se sigue sintiendo poderoso y fuerte, dueño de una tradición. Y saca lo mejor de sí mismo. Además, necesita mucho los puntos. La Copa no puede hacer olvidar la otra cuenta.
Por ese difícil escenario pasa la persecución, que ahora tiene que reemprender el Madrid, una vez caído en la Champions. Allí debutó Casillas, va para diez años. Entonces era apenas poco más que un niño. Ahora es una estrella, un santo que no va a tener un león al lado, como San Mamés, sino once enfrente. Para protegerle, un grupo dañado y escocido, del que se caen por lesión Cannavaro (comprobable) y Guti (no tan comprobable). Y con Robben triste, porque le llaman egoísta, y lo peor es que te llamen lo que eres. En fin, es el Madrid, siempre tratándose de reinventar. Enfrente, el Athletic. Partidazo.




