El Valencia como heraldo de la crisis
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Con un campo condenado, pero que se derribará sólo cuando haya dinero para comprar el solar. Con un campo en construcción cuyas obras han parado porque no hay dinero para continuarlas. Con una plantilla espléndida pero que tampoco cobra. Con una situación extremadamente confusa en la gestión, un consejo en el que el propietario, el nunca bien ponderado Juan Soler, cedió el mando a Vicente Soriano, que a su vez lo ha cedido a Javier Gómez, que a su vez tampoco ve salidas. Así, no es extraño que hasta el colista Numancia le dé la vuelta al partido y se vea frenado en sus objetivos. Es la crisis, que al Valencia le ha llegado antes. Aún este verano, podría haber vendido a Villa o a Silva, o a ambos, pero no lo juzgó necesario. Pensaba que le llegaría algún tipo de auxilio institucional, un peloteo bancario, algún milagro, de esos que el fútbol siempre ha usado y abusado.
Pero los milagros se han acabado. Las instituciones no pueden ya permitirse dispendios en un mundo tan manirroto como el del fútbol. Y los bancos no tienen dinero para nadie y menos para quien de ninguna manera va a pagar, como es el caso del fútbol, sector que debe y debe y gasta y gasta por encima de sus ingresos. El Valencia es el primero, pero casi todos están encaminados a lo mismo. Quizá hasta el Barça y el Madrid, pienso. El Barça tiene el apuro ahora de pagar 87 millones a Sogecable y no sabe cómo. Florentino duda si hacerse de nuevo con el Madrid porque tampoco tiene tan claro dónde encontrar ahora dinero para ese par de galácticos con los que redondear el equipo. El fútbol no es para tiempos de crisis, porque vive en la permanente glorificación del despilfarro. Paga sin pensar, pide sin rubor, no devuelve, riega comisiones, nada importa. No me imagino que se acostumbre a vivir de otra manera.




