Ceño en Boluda, jovialidad en Cerezo
Como solemos, ayer convocamos a un cocidito madrileño en AS en la semana del derbi. Cerezo llegó el último, pero con aire más desenvuelto: es un veterano. Desde que establecimos esta costumbre los presidentes del Madrid han mudado frecuentemente, pero el del Atlético es el mismo. Resulta curioso, si se piensa que el Madrid es tenido en general por una institución 'de orden', bien engranada de antiguo en la estructura de la sociedad biempensante, mientras que el Atlético sugiere más bien aventurerismo, inestabilidad, vida disoluta, ruleta rusa. Una organización alborotada y libertina, en fin.
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Pero nada es lo que parece. Cerezo está siempre, el que cambia es su 'partenaire'. Por eso domina la escena y se muestra del mejor humor (más si acaba de ganarle el Atlético al Barça, todo sea dicho) y su jovialidad contrasta con el ceño reconcentrado de Boluda, al que ni las diez victorias consecutivas, con el consiguiente agobio del Barça, arrancan una sonrisa. Ésas vienen sólo cuando ambos personajes evocan viejos días de complicidad en el cine, tiempos en los que títulos no muy logrados del tipo de 'Vicenteta, estáte quieta' les animan a poner sobre la mesa recuerdos comunes, inevitablemente pícaros.
El Madrid pesa, pensaba yo. El Madrid está delante, pero el rictus de Boluda habla de una situación grave, que no sugiere diez victorias consecutivas, sino una Asamblea, unos juzgados, unos aspirantes, unas elecciones, unas fuerzas codiciosas que tratan de repartirse el club. Frente a eso, el Atlético es el Atlético, un asunto difícil de llevar, muy difícil, sí, pero en el que no hay tantísima gente llamándose a la parte. El Atlético, al fin y al cabo, te permite ser feliz con sólo ganar un partido, el último. El Madrid, no, ni aunque acabes de ganar los diez últimos. De ahí la diferencia de gesto. En fin: el derbi.




