El Madrid renunció a la pasión y lo pagó

El Madrid renunció a la pasión y lo pagó

Se acabó la euforia. Europa es otra cosa, los rivales son otros (más a estas alturas) y el Madrid encima equivocó el camino. Juande se entregó con gusto a la partida de ajedrez que le convenía a Benítez. Renunció al factor campo. El Madrid salió frío, cauteloso, prudente, con lo que se separó de su público, ese público entusiasta de las noches europeas, en las que el aficionado vibra de otra forma. A todos esos madridistas que cabalgaron media España en autocar para vivir una gran noche de emoción y complicidad les aburrió. Y eso es pecado, tan pecado como perder, o más. Eso no se hace, Juande. Un partido así planteado sólo se puede resolver en un detalle. El detalle vino en una bravuconada de Heinze, cuya falta sobró. Luego, perfecto saque de Fabio Aurelio, cabezazo de Benayoun, y se acabó. ¿Podría haber ocurrido en la otra portería? Sí, pudo ser. Hubo el gol de Higuaín, que ni estoy seguro de que estuviera en fuera de juego.

Pero jugar así es jugarse el partido a cara o cruz contra un equipo que tiene más cuidados esos detalles y renunciar al factor campo. Ahora se eleva una montaña entre el Madrid y los cuartos: Anfield, donde tendrá que ganar por dos goles de ventaja. Difícil, ¿no? Y luego está Robben. Juega bien, crea peligro, pero chupa mucho y desconecta los circuitos del equipo. Es para pensárselo. El Madrid ha ganado con él y sin él, pero ha ganado mejor sin él. Con Huntelaar, es cierto, pero la clave no es tanto él sino hasta qué punto Robben, con su juego, anula a sus propios compañeros. Al menos, Boluda habrá aprendido algo: en fútbol, al que saca pecho se lo hunden enseguida. Un Liverpool sin Gerrard (ni casi Torres) ha ganado en el Bernabéu, con el gran tono de Xabi Alonso y Mascherano y el buen orden general. La euforia se ha enfriado. Ahora, vuelta a empezar.