A Rako lo que es de Rako

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Fue aterrizar en España en 2004 y empezar a deslumbrar. Talento innato. Iba de exhibición en exhibición individual, pero su equipo, el Pamesa, empequeñecía. Tanto, que, con una plantilla de ensueño (Oberto, Rigaudeau), se quedó sin playoff. No importó. El Madrid ya había cerrado su fichaje para la siguiente campaña. Antes, debía liderar a Serbia en su Eurobasket, en la operación rescate. ¿Resultado? Enorme fracaso, con Obradovic, el seleccionador, tirándose de los pocos pelos que le quedan y con nuestro protagonista liándose a mamporros con el NBA Jaric. Un mal año, dirán. Vale. El campeón de Liga le esperaba con los brazos abiertos. Buenos números; purpurina inocua para afrontar retos colectivos. Pinchó junto a Maljkovic y, encima, acabó la temporada de baja con paperas. Había firmado un contrato oneroso con el club blanco. Ya no le querían ni en fotos.
Al margen de la incompatibilidad deportiva con Bullock, algún compañero diría luego que sin él en el vestuario se respiraba mejor. El Madrid lo traspasó gratis a Querejeta para evitar indemnizarle. Primer año en el Tau y ningún título. Con su selección, por cierto, seguían las decepciones. Pero Querejeta y Vitoria confiaban en él. Un verano de descanso y la madurez de los años (en marzo cumple 31) dieron el impulso definitivo a su carrera. ¿Resultado? Ahora sí, más brillo individual si eso es posible, y estrella determinante para su equipo, para su Tau. Enhorabuena Igor Rakocevic.



