Ciclistas de mirada temerosa
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Hay algo que de unos años a esta parte me llama la atención de los ciclistas: su mirada. No es sólo una mirada de sufrimiento por tanto esfuerzo, que lo podía ser, sino de recelo, de temor. Sobre todo cuando están en público, sobre todo cuando se enfrentan a las cámaras, sobre todo cuando hablan con los periodistas. Como si tuvieran algo que ocultar, como si la condena a guardar un secreto que cualquier día se pudiera descubrir les hiciera mirar con desconfianza. Una mirada que he visto en algunos atletas y que aprecio en Valverde. Y me pregunto yo si no será mejor afrontar la verdad, aceptar incluso una sanción por el pecado cometido y comenzar una nueva vida en la que se pueda ir mirando de frente, sin necesidad de bajar la cabeza.
Ivan Basso y David Millar lo han hecho. Reconocieron sus errores, cumplieron las sanciones y compiten fuera de toda sospecha. Son los paladines de un ciclismo limpio, el único posible. Cuando la Operación Puerto salpicó a Basso tenía 29 años. Ahora todavía tiene futuro para recuperar el tiempo perdido. Valverde, tres años más joven, se enfrenta a unas acusaciones que le pueden dejar marcado de por vida incluso encontrando resquicios legales para no ser sancionado. Pero esto no puede seguir así. Es el momento de decir basta. Para que los corredores puedan recuperar su dignidad y su mirada inocente. Los errores se pueden perdonar. Mas para ello hay que demostrar propósito de enmienda. Como hicieron Basso y Millar.




