Sevilla echaba de menos ser el jugador número doce

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Hace casi seis años, 90.000 exquisitos seguidores del Celtic dejaron vacíos de cerveza los bares de Sevilla en aquella inolvidable final de la UEFA. Todos y cada uno de ellos fueron los mejores mensajeros a la hora de cantar las excelencias de esta ciudad y la amabilidad de los sevillanos. Digan lo que digan, Sevilla tenía muchas ganas de recibir a la Selección y añora sus tiempos de sede permanente. Aquí nació el jugador número 12 como se rememora en una placa conmemorativa en el Sánchez Pizjuán. Sevilla quería un partido oficial: el España-Turquía. Pero ha quedado complacida con la visita de Inglaterra, que arrastró a 5.000 incondicionales. No me gusta llamarles hooligans (término acuñado por una familia de ladrones irlandesa, los Hooligan, que asoló Londres a finales del siglo XIX). Los que vinieron se comportaron bien. Eso sí. Se bebieron el oro y el moro.
En Calle Alemanes, al lado de la Catedral, se concentraron en el carismático pub Flaherty. Hubo cuatro 'notas' que metieron la pata (tiraron botellas y cortaron el tráfico). Pero Sevilla ha quedado encantada con Inglaterra. Y los ingleses con Sevilla. Nadie ha querido hablar del rollo ese del racismo que, presuntamente, impidió jugar en el Bernabéu. "A nosotros nos gusta Sevilla" nos dijeron. ¡Un gran espectáculo!



