A entrenador nuevo, victoria probable...
A entrenador nuevo, victoria segura, se solía decir. Era uno de los tópicos (frases superficiales, y por lo mismo muy repetidas, o al revés) más frecuentes del fútbol. No era verdad exacta, pero sí aproximada. A entrenador nuevo, victoria probable, se ajustaría más. ¿Y por qué? Hablando con los jugadores del Atlético hoy mismo, consiguiendo sobre todo que se expresaran con sinceridad, podríamos tener una buena pista. Eran los mismos pero parecían otros. Forlán y Agüero llevaban un mes pésimo, pero ayer ellos dos solitos se llevaron por delante la defensa del Recreativo en los goles segundo y tercero.
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Para eso se cambian los entrenadores: para que los jugadores, siendo los mismos, cambien. Cambia su humor, cambia su estado de ánimo, cambia su fe en lo que hacen. Entonces, ¿es bueno siempre cambiar al entrenador cuando las cosas van mal? Tampoco es una ley fija. Es una decisión a tomar sólo cuando al entrenador de las derrotas "se le ha ido el equipo de las manos" cuando ya no tiene soluciones, cuando los jugadores ya no le entienden, no le creen o no le admiten. A veces pasa, y es entonces cuando el club se ve obligado a tirar la moneda al aire, a ver si en vez de cruz sale cara.
Con Aguirre, el Atlético llevaba un 2009 desastroso, con cinco derrotas y dos empates en los siete partidos disputados. Había caído en la Copa, se había descolgado de los puestos europeos. Marchado Aguirre, ayer ganó de repente, a un equipo en forma, por paliza, en sólo medio partido. Abel adelantó la defensa, juntó las líneas... ¿Sólo eso produjo el milagro? No, no fue sólo eso. Fue, sobre todo, que los jugadores se movieron con otras ganas, con otro espíritu, y la calidad superior de los principales volvió a hacer las diferencias. A ellos hay que preguntarles por qué ahora sí y antes no.




