En el esquí no espabilamos
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Se disputan estos días los Mundiales de esquí, y no muy lejos, en la estación francesa de Val d'Isère. Nos pasan desapercibidos, porque estamos de comparsas. Llevamos más esquiadores que nunca, ocho, y lo estamos haciendo tan mal como siempre. Incluso peor. Si cuando estaba María José Rienda no hacíamos nada -fue dos veces novena-, no vamos a pedir ahora que suene la flauta con Carolina Ruiz. Con Rienda al menos siempre había alguna posibilidad de podio, pues por algo había ganado seis pruebas de la Copa del Mundo, pero Carolina Ruiz lo tiene mucho más difícil. Sin embargo, no es ella el problema, que al fin y al cabo compite con dignidad; el problema son los otros siete compañeros de equipo, que no se sabe a qué van.
Puede ser la pescadilla que se muerde la cola. Si van, hacen el ridículo; si no van, nunca adquirirán experiencia para subir de nivel. Es el debate que se repite cada vez que hay Mundiales o Juegos de Invierno. Mas debe haber una solución intermedia. Condiciones mínimas para competir tienen, sin duda; de lo contrario no irían. Pero la propia progresión del deporte español aconseja poner el listón más alto. Somos un país de campeones y ya no podemos ir por el mundo quedando del 40º para atrás. Si quien ahora queda el 50º se le lleva para que el próximo año quede el 39º, tampoco vale. Para eso hay técnicos, para que digan a quién se puede llevar y a quién no. Pero, claro, si no llevan a nadie, ¿cómo justifican sus contratos?




