El vestuario sigue muy dividido
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La salida de Aguirre no va a ser el bálsamo que cure las heridas rojiblancas. El propio presidente Enrique Cerezo tuvo que soportar la desagradable sorpresa el pasado domingo de cómo algún futbolista le pidió calma cuando expresó su malestar por la derrota contra el Valladolid. Pizarras aparte, lo que nadie puede negar es que los mosqueteros colchoneros: Maxi, Forlán, Aguero y Simao han desaparecido con el descanso navideño. Su rendimiento deja mucho que desear y los números a la vista están. Ya no son capaces de solucionar los desaguisados de su centro del campo y defensa. Abel les podrá meter vitamina atlética en las venas, pero no darles una serie de cualidades técnicas que algunos no conocen. Un serio problema que no tiene solución.
Es una pena que el Consejo consiga abrir nuevos campos de inversión como en Dubai, y que sobre el terreno de juego se dilapide el crédito de una entidad centenaria. Sigo pensando que muchos de los artistas solamente tienen la cabeza puesta en la Champions como el mejor escaparate para exhibir sus virtudes pensando en una hipotética salida en el mes de junio. Es urgente la política de mano dura como respeto a unos aficionados que no han dudado en pasar una noche de perros a las puertas del Calderón para conseguir las pocas entradas que todavía quedaban para ir a Oporto. Siguen siendo los mejores y los que mantienen viva la ilusión de que al final se acierte con el camino correcto. Aguirre ha cumplido con creces sus objetivos.




