Calderón ya es ceniza de sí mismo
Los rumores sobre la inminente dimisión de Calderón corrieron anoche como la pólvora. Estaban basados en confidencias de sus próximos, relacionadas tanto con su situación personal (ayer se le vio hundido y se supo que su familia le reclama que lo deje) como en el temor a una supuesta deposición de Nanín, que se espera aparezca hoy y en la que se teme algo peor: que existía conocimiento general y previo en la junta de que se iban a recabar refuerzos espúreos para la asamblea. Se temía ayer, y mucho. Y si se temía sería porque algo habrá. El que nada malo ha hecho nada malo teme, ya se sabe.
Noticias relacionadas
Y además el club es un pandemónium, con acusaciones cruzadas, miradas torvas, rastreo informático, caza de brujas, acusaciones violentas a la cara, corrillos, invocaciones a la resistencia numantina, desmayos en los que se piensa en el abandono, codazos para ser el sucesor... Lo propio de un sistema hipercomplejo en un momento hipercrítico. Pero, sobre todo, la sensación de que el líder del grupo está liquidado, aplastado bajo la carga de un volquete de ataques y acusaciones, temeroso de que haya más cosas, más errores, más traiciones, más estruendo. Calderón ya es ceniza de sí mismo.
La esperanza de los más optimistas era que hoy se levantara con otro ánimo, que recordara que acaba de decir que dimitir es de cobardes y que todo quedara en un anuncio de elecciones para el verano (o quizá el 24 de mayo, penúltimo domingo de Liga). A cambio de paz. Para que el equipo pueda acabar la temporada decentemente, segundo o tercero al menos, y jugando con serenidad la ruleta de la Champions. Otros no lo creían posible. Le veían fuera y es fácil que tengan razón. Es posible que ya sea tarde. No está en condiciones de pactar una paz. De él sólo esperan ya la rendición incondicional.




