Controlar los riesgos del KERS
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El KERS, el sistema de regeneración de energía cinética que se implantará este año en la Fórmula 1, es una auténtica revolución en los grandes premios. No sólo por su sofisticación tecnológica, sino también por las enormes posibilidades deportivas que aportará... si es que realmente funciona como está previsto. Quiero decir con esto que no es una modificación baladí, un cambio sin trascendencia que apenas resulte perceptible para los profanos. Por ese mismo motivo, su utilización provoca no pocas controversias, algunas de ellas relacionadas con un asunto tan importante como la seguridad. Ya el año pasado vimos como a un mecánico de BMW vivió una experiencia similar a la de sentarse en una silla eléctrica al sufrir una descarga durante los ensayos del KERS en Jerez... Lo cierto es que la cosa no es como para bromear, lo mismo que las complicaciones que el sistema parece que le ha creado ahora a Renault.
Uno de los inconvenientes de este sistema novedoso (para la F-1 al menos) es el peso. Supone un lastre importante para un coche de carreras y por ese motivo los equipos están intentando poner a dieta a sus monoplazas. El monocasco es uno de los componentes que, en principio, se pueden aligerar sin comprometer el rendimiento del conjunto... aunque si su resistencia a los impactos. Parece que por ahí van los fallos surgidos en las pruebas del choque del R29... y ya veremos si no los encontramos también en otros coches. Es importante, en consecuencia, el control de la FIA, que no se baje la guardia en una materia en la que tanto y tan positivo se ha avanzado en los últimos años. Puede que el invento del KERS traiga muchas cosas buenas (los defectos se corregirán), pero ante todo hay que impedir que lo que traiga sea algún disgusto por apurar demasiado en la búsqueda de los límites.




