Esplendor en la hierba del milagro

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Leí hace poco una frase a un ilustre de la moda, poco antes de irse de este mundo, que me hizo reflexionar: "El traje más hermoso que pueda vestir a una mujer son los brazos del hombre que ama. Pero para las que no tuvieron la fortuna de encontrar esa felicidad, yo estaba allí". La autoría es de Yves Saint-Laurent. Me sirve para ilustrar lo que significa la alfombra mágica del Bernabéu, esa hierba sagrada que desde hace 61 años ha iluminado el talento desatado y el coraje irreductible de los mejores futbolistas de este planeta. El Bernabéu es el traje de luces ideal de un equipo que se quedará desnudo el día que se vaya del santuario de La Castellana. Este asunto me ha enfrentado ya a varios presidentes del Madrid y, si hace falta, me ataré un día a la Puerta 0 y amenazaré con quemarme a lo bonzo si alguien se empeña en especular con esta Octava Maravilla con la excusa de "hacer en las afueras de la ciudad un estadio moderno, polifuncional y adaptado a las nuevas tecnologías". Repugnante.
Conversé con los chicos de Juande antes del parón navideño y me dijeron la gran verdad: "Con este césped es imposible pedirnos más. Está destrozado". Por eso me congratula la inversión realizada estos días. 160.000 euros es lo que se gasta Beyoncé en pintalabios a lo largo el año, luego me parece una ganga de enero a cambio de recuperar ese esplendor en la hierba que debe acompañar (y lo hará) la GR: Gran Remontada. Fútbol con extremos, pista rápida, espectáculo asegurado. Este verde es el de la esperanza. El cambio de tarima ilumina las pupilas del madridismo...



