El mejor con los mejores
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Alonso en Ferrari. Suena bien, ¿verdad? Un sueño que dejará de serlo algún día, posiblemente antes de lo que pensamos y más cerca de la teoría que desde hace meses hemos mantenido en AS (2010) que la de 'La Gazzetta' con la que ha revolucionado los mentideros de la Fórmula 1 (2011). Y es que el destino natural de todo gran campeón es la escudería de Maranello. En ocasiones puede llegar a resultar jocoso cuando cualquier futbolista de cualquier país asegura ante la perspectiva de su fichaje: "Siempre quise jugar en el Real Madrid". Pero es que, ¡sin duda es cierto! El ser humano, por definición, debe buscar la superación, la excelencia, las grandes metas. Y si vestir de blanco lo es para un futbolista, hacerlo de rojo lo es para un piloto de coches.
Además, la sintonía es recíproca. El mejor equipo debe tener a los mejores deportistas. Y estos días, al hilo de la primicia llegada desde Italia, estamos comprobando que los que saben de esto, de carreras, no dudan en repetir una y mil veces que Alonso pertenece a esa categoría de pilotos excepcionales que, desde luego, no desentonaría en Maranello. Como no lo hicieron tantos otros, de Lauda a Schumacher, pasando por Prost, Villeneuve o Fangio. Yo (como creo que todos) me quedé con las ganas de ver a ese mito llamado Senna pilotando un Ferrari, así que sólo espero que pronto pueda desquitarme con una satisfacción incluso mayor. Porque cuando ocurra, no lo duden, vamos a disfrutar como nunca antes. Y los demás, que se echen a temblar




