Es el chico malo de los rojiblancos
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Gil Marín ha asumido el papel de chico malo en el Atlético. Entre otras cosas tiene la ingrata tarea de recaudar las fondos económicos necesarios cada temporada para que Agüero, Forlán o Simao hagan oídos sordos a los cantos de sirena que le llegan desde Inglaterra. No le gusta hablar y se mueve como pez en el agua en los despachos para manejar proyectos que le permitirán al club tener mayor estabilidad en el futuro. Ha sido claro en su petición a los Reyes: repetir la Champions es una necesidad perentoria para los rojiblancos.
Su sueño principal es la Ciudad Deportiva de Alcorcón y el cambio a La Peineta para dejar al club un patrimonio que le permita no tener que vivir siempre al borde del precipicio. Su meta sería conseguir una Champions como mejor homenaje a su padre y durante los próximos años va a seguir con su política de abrir al máximo la propiedad de la entidad con venta de acciones a los abonados. Las decepciones de Miguel Ángel siempre han sido los jugadores y su decisión de mantener a Aguirre esta campaña ha sido una de las mejores satisfacciones que ha tenido como responsable colchonero.




