Diarra II prefiere llamarse 'Lass'
"Llamadme Ismael". Así empieza Moby Dick, una de las grandes novelas de la historia, narrada en primera persona por un ballenero para el que Hermann Melville pide de este modo, desde la primera línea, máxima atención. Me lo recordó ayer Lassana Diarra, al que veníamos llamando Diarra II, porque viene después (y en realidad por la lesión de éste) de Mahamadou Diarra, el gigante malí. Le pusimos Diarra II, como hubo Lesmes II, Gento II, Collar II, Glaría II, Arieta II o Rojo II. Hubo hasta Lesmes III o Glaría IV, que fueron los mejores de la dinastía. Pero no, éste no quiere ir por ahí.
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El nuevo Diarra no quiere línea dinástica y pide ser conocido como Lass, apócope de Lassana, su nombre de pila. Tiene orgullo, ya se sabía. Rebotó en el Arsenal y el Chelsea porque no jugaba, y para venir de Portsmouth al Real Madrid ha regateado lo suyo. El club, que últimamente no está seguro de nada de lo que hace, le presentó un poco de tapadillo, sin abrir las puertas a esa afición que se empeña en reclamar a Cristiano Ronaldo. El logro de la oposición a Calderón es haberle hecho sentirse así, impostor, huidizo, incapaz de pisar el palco el día del Valencia o de presentar con verdadera fe este fichaje.
Así que la fe la tiene que poner el muchacho, que se desmarca de su apellido y, para evitar mixtificaciones, se rebautiza como Lass, en reclamo de una atención nueva. Lamémosle, pues, Lass, y que él retenga nuestra atención partido tras partido, como Ismael la retuvo con el relato de sus aventuras a lo largo de tantas páginas. El nombre quedará si el hombre hace por ello. Lucha, de momento, contra Gago, que está fenomenal. Y contra los recuerdos del otro Diarra y de Makelele. Y contra todo contra lo que siempre lucha el Madrid. Pero trae un arma: esa fe en sí mismo que le permite incluso rebautizarse.




