Diarra II debe imitar a Diarra I

En estos tiempos navideños parece casi una obligación cultural referirse a unas palabras de Jesús. Recuerdo un pasaje del Evangelio en el que un hombre pide a Jesús poder seguirle. Cristo le abre sus brazos pero le dice que, antes, tiene que renunciar a sus riquezas. El hombre, que tenía muchos bienes, no se atreve y se va avergonzado, lejos del camino que deseaba con todo su corazón. Esta metáfora se puede adaptar a aquellos seres humanos que tienen que tomar una decisión. No sólo habla de dinero. Significa que hay que saber renunciar a muchas cosas para demostrar su fe en una nueva vida.
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Lassana Diarra esta cerca de poder tocar el paraíso de cualquier futbolista digno de este nombre: jugar en el Madrid. El club blanco lo quiere y el Portsmouth no pone pegas. Dado el alto coste del traspaso (20 millones de euros), el Madrid solo pide que Diarra II no sea demasiado exigente con su ficha. Exactamente lo que pasó cuando se negoció la llegada de Diarra I (Mahamadou). Para compensar los 27 millones que el Madrid tuvo que abonar al Lyon, el malí aceptó rebajar sus pretensiones económicas. Un gesto que demostró la implicación visceral de Diarra I con su sueño madridista. Y que, luego, se confirmó en el terreno de juego.
Con su actitud, Lassana Diarra está mandando un mensaje que, a corto plazo, puede dañar su imagen y condicionar su recibimiento por parte de la afición blanca. Al Madrid se va corriendo. Incluso si hay que olvidarse de algunas cifras pintadas en un cheque.



