Cuando la justicia hace su trabajo

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He seguido sin moverme un instante las cinco horas y media de la vista oral de este affaire tan mediático. Y he vuelto con una constatación muy clara: la pasión desmesurada que rodea al caso Santos Mirasierra contrasta radicalmente con la serenidad con la cual se ha desarrollado este juicio. Desde hace dos meses hemos tenido que escuchar barbaridades. No olvidemos que Pape Diouf, el presidente del Olympique de Marsella, llegó a afirmar que el ultra marsellés estaba "secuestrado" en España. Santos Mirasierra, como cualquier ciudadano, se merecía un juicio justo y creo sinceramente que el franco-español lo ha tenido. No se ha escatimado en tiempo ni en precisión, sobre todo en las imágenes difundidas en una pantalla grande.
N o quiero entrar en el debate sobre la culpabilidad o la no culpabilidad de este señor (dejo este trabajo a los profesionales) pero creo que nadie podrá poner en duda que la jueza ya tiene todo los elementos necesarios para dictar sentencia. Es una pena, sin embargo, que haya habido tantos errores en la traducción. No pienso que eso pueda tener alguna consecuencia negativa para el acusado, pero va a permitir que algunos las usen para criticar el juicio.



