La virtud de hacer fácil lo difícil

Un gran jugador suele ser aquel que hace fácil lo difícil; aquel que reviste de naturalidad su devenir por el campo con soluciones que a la gran mayoría de los compañeros de profesión ni se les pasa por la cabeza. Valerón es paradigma de ello, tanto en el campo como fuera de él. El mago de Arguineguín es un deleite para cualquier aficionado. Su visión del fútbol está al alcance de muy pocos; sus pases son milimétricos y su ausencia de egoísmo hizo más grandes todavía a delanteros como Tristán o Makaay.
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Pero la virtud de este canario de hacer fácil lo difícil va más allá. El Flaco está en el centro de un debate, con carga de profundidad, sobre si Lotina le da el protagonismo que merece. Valerón, lejos de aumentar la polémica, acepta su situación como un juvenil recién llegado. Ni una palabra más alta que la otra; ni un mal gesto en un cambio; ni una cara de disgusto al vivir permanente en el banquillo en la Liga. Tampoco a Caparrós le dispara, todo lo contrario. Le agradece lo aprendido y pide respeto para su visita a Riazor.
Con la misma naturalidad que asumió su lesiones, se ha recuperado de ellas. También con este 'don' para hacer las cosas sencillas, anuncia que su paso por el fútbol no acaba este año, ni en 2010 cuando termine contrato con el Depor porque se ve con cuerda y ganas. Cuando llegue el día y el suelo se hunda a su alrededor, seguro que él será el que se lo ponga fácil a los dem el que le quite hierro a un vacío futbolístico que atormentará a muchos seguidores en A Coruña. Ese día, Lendoiro no puede fallar. No puede dejar escapar a un mago de los que surgen en el fútbol de década en década: Aquellos que saben hacer fácil lo difícil.



