Sin goles no hay paraíso
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En los últimos dos años se ha producido una eclosión de la Premier que no se corresponde con la categoría de sus equipos. Es cierto que sus campos son más verdes y que sus aficionados cantan mejor que los nuestros. Pero en lo mollar, en el fútbol, allí como aquí, como también en Italia o en Alemania, hay cuatro equipos buenos y diez o más que no lo son tanto. Juande Ramos está en una situación delicada porque en Londres esperaban que hiciera un milagro como el de Sevilla. Pero el Tottenham no es tanto equipo, la verdad. Tampoco está a la altura del Chelsea, Manchester United o el Liverpool. El Sevilla lleva unos años que sí, que gana títulos dentro y fuera de España y que cualquier día se puede llevar hasta la Liga... con permiso de los grandes.
Los clubes ingleses se pusieron de moda de repente y allí entró a saco el capital árabe y norteamericano. Juande es bueno, pero no hace milagros. En el Sevilla se apoyó en Monchi, que le encontró los jugadores que necesitaba y a los que él hizo rendir. En el Tottenham está solo y no le han traído lo que ha pedido. A Abramovich le pasó algo parecido en su primer año en el Chelsea. Y fichó a Arnesen, un secretario técnico por el que pagó 12 millones de euros. Todo mejoró y llegaron los títulos. Los ingleses deben aprender que no vale sólo con fichar al director de la orquesta, sino también a los mejores músicos. Y éstos, como sucede en el Conservatorio, tienen que pasar la primera prueba detrás de una cortina. No se le ve, pero se les escucha. Los virtuosos no tienen rostro.




