El toque se diluye por los extremos
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Del Bosque se pasó la semana dudando entre seguir con el mismo sistema que nos llevó a conquistar la Eurocopa o darle su toque con los extremos. Al final tomó el camino intermedio. Capel en el campo y Cesc Fábregas también. La presencia del extremo sevillano varió el sistema de juego de España. Lo cambió porque su velocidad y su verticalidad ofrece soluciones fáciles para los centrocampistas. Esto, que en cualquier equipo debería ser bueno, conviene estudiarlo más a fondo en nuestra Selección. Porque el secreto de España es el tiqui-taca, y para que el toque funcione es necesario pensar, elaborar, marear al contrario.
Cesc Fábregas puso el toque, que al final fue lo que funcionó. El gol que desatascó el partido llegó gracias a un pase suyo al hueco. Fue un resumen de lo que nos llevó al éxito en Austria. La seguridad y el pundonor de Puyol al recuperar un balón en el área de España, su rapidez para armar el contragolpe, el pase magistral de Cesc y la resolución de Villa, por precisión. La improvisación, en suma, de una jugada de toque y contragolpe, el otro arma de España. A más velocidad, menos toque. Y a más toque, más precisión. Eso es lo nuestro.




