La madurez de un piloto admirado
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El tiempo pasa para todos. Fernando Alonso ya tiene 27 años, ya no es el jovencito que llegó a la F-1 con ganas de comerse el mundo y lo hizo. En el tránsito hacia la madurez, deportiva y personal, que ahora disfruta nos regaló algunos momentos inolvidables, hitos históricos para nuestro automovilismo y nuestro país. En estos años, poco más de un lustro aunque parece toda una vida, tampoco han faltado escollos en el camino, además de algunos patinazos puntuales del asturiano por los que ha pagado, y sigue pagando, un caro tributo en el desgaste de su imagen. Muchos no le perdonan, como si alguien fuera infalible, que en ocasiones sus palabras vayan más deprisa que sus pensamientos y cometa el terrible pecado de la sinceridad, de decir lo que no gusta a todos
Sin embargo, creo que Fernando es un tipo que cae bien a la mayoría. Es más, diría que en un país que disfruta de grandes y admirados deportistas, sólo Rafa Nadal le puede ganar en cuanto a popularidad o cariño de los aficionados. No tengo ningún dato estadístico para hacer esta aseveración, pero sí me anima a tal atrevimiento la percepción de estar permanentemente rodeado de gentes que viven y siguen el deporte. Alonso, como todos, tiene momentos mejores y peores, se equivoca y rectifica, vive la tensión de una disciplina de enorme exigencia y no siempre puede satisfacer las expectativas que recaen sobre él. Con todo, me parece que es un buen tipo y eso trasciende sobre lo demás. Y creo que ha mejorado con el paso de los años. Y lo que aún puede hacer




