¡Qué pena el fiasco con McLaren!
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Lamentarse no sirve de nada, lo sé. También que no es sano avivar viejas rencillas. Y prometo que intento mirar hacia adelante y olvidar el mucho daño que la pasada temporada le hizo el equipo McLaren a Fernando Alonso. Pero me cuesta demasiado como para conseguirlo, sobre todo cuando me planteo todo lo que pudo haber sido... y no es. Porque los caprichos de Ron Dennis y su ruptura con el campeón español no sólo le costaron el título del pasado año, creo firmemente que también el de éste. Me explico. A la vista de cómo se está desarrollando el Mundial 2008, tengo la sensación de que Alonso, si hubiera seguido sentado en una Flecha de Plata, sencillamente hubiera arrasado. Él es quien menos falla y tal cualidad está resultando la más valiosa en tan extraño campeonato.
Porque en estos instantes de la película ya sabemos que la igualdad en cabeza no es fruto de la competitividad entre los aspirantes al título, más bien lo contrario. Ninguno de ellos ha conseguido mantener el tono, la regularidad y consistencia necesarias para dejar atrás a los demás, así que todos marchan renqueantes hacia no sabemos muy bien dónde. Es algo especialmente sangrante en el caso de Ferrari y McLaren, incapaces cualquiera de ellos de aprovechar con solvencia su manifiesta superioridad mecánica. Insisto, por tanto, en que de haber continuado Alonso en Woking los demás no le habrían visto el pelo. Y de ahí mi resentimiento hacia una escudería que prefirió un diamante en bruto a una joya pulida y valiosa. Quizá ellos también vuelvan a lamentarlo en noviembre...




