Demasiado bonito para ser verdad
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Me costaba mucho creer en el milagro, pero tampoco quería convertirme en un aguafiestas. No podía entender cómo, casi de repente, un coche que estaba a la cola del pelotón podía plantar batalla a todos sus rivales, excepto a los intocables Ferrari. Me parecía demasiado bonito para ser verdad. Y, por desgracia, así ha sido. No tengo dudas sobre que Renault hace cuanto puede para darle un R28 más rápido a sus pilotos, aunque por lo visto no es suficiente. Alonso estaba animado y con ganas, como tiene que ser, pero ayer se topó con la cruda realidad: en este deporte, sin un buen coche no hay nada que hacer.
Es positivo que evolucionen y no arrojen la toalla, pero mi sensación sigue siendo que cualquier buen resultado que llegue será más circunstancial que fundamentado. La distancia respecto a los grandes ha sido tanta desde que comenzó el Mundial que pensar en la remontada se antoja como una quimera. Insisto en que no quiero ser agorero, tan sólo realista. Y me parece que en Renault tampoco tienen los medios necesarios para ser más optimistas. En Magny-Cours, sin inconvenientes extraordinarios, Alonso acabó octavo. Ésa es la medida del Renault y ésa es la realidad que deberemos seguir digiriendo durante este 2008.




