Donadoni, te va a crecer la nariz
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Me río yo sólo para mis adentros cuando escucho a Donadoni decir que aún no tiene la alineación decidida. Me río porque no tengo la menor duda de que miente más que Pinocho. Puede que me equivoque, pero yo me pegunto a mí mismo: ¿quitando las ausencias de Pirlo y de Gattuso, que debe cubrir por fuerza porque están sancionados, qué argumentos puede tener un entrenador para cambiar un equipo que hace cuatros días ha ganado a Francia? Yo mismo me doy la respuesta: ninguno. No lo hará por dos razones: porque eso sería reconocer la superioridad del rival (cambiar un bloque ganador justificándolo en razones técnicas es lo mismo que pirarse por la barranquilla) y segunda: porque a ver quién es el guapo que se lo dice a Cassano.
Porque pongámonos en su piel. Venga, todos con el traje de Donadoni. Entramos al vestuario y les decimos a los chicos: "Muchachos, he decidido que contra España no salga el equipo que le ganó a Francia, sino otro distinto porque el rival lo merece. Se quedan en el banquillo Cassano y..." y se acabó la conversación porque Talentino ha tumbado a Donadoni de un crochet. Los códigos del vestuario, esos intangibles de los que habla Luis (que debió hacer pellas en la clase en la que enseñan a no provocar a Gattuso) son los que me hacen pensar que no habrá cambios en Italia. Una Italia, por otra parte, supersticiosa hasta la médula. Y aquí está la segunda razón por la que no creo a Donadoni: porque lo que funciona no debe cambiarse. Da muy mala suerte hacerlo.




