Tragedia de un club ahogado

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La entrada en vigor de la Ley Concursal el 1 de septiembre de 2004 supuso un cambio en el tratamiento de la insolvencia en España. Instauró el concurso de acreedores como vía para resolver las situaciones de no poder pagar, en lugar de la suspensión de pagos y la quiebra. Era una apuesta por la continuidad de las empresas en crisis buscando el acuerdo entre los acreedores para reflotamiento de empresas y, en último extremo, su liquidación. En el fútbol la pusieron de moda Las Palmas, Sporting y Málaga. Y les ha ido bien.
Someterse a Concurso Voluntario es reconocer la capacidad de un máximo accionista de no poder afrontar los cuantiosos gastos de un club de fútbol. Y esta puede ser la salida que le quede a Carlos Marsá y a su Granada 74, ahogado por la incomprensión de los políticos, el mal rollo de la Federación, su falta de tradición futbolística y, al final, por los designios de un balón que dejó de entrar. ¿Cuál será el futuro del Granada 74? Sinceramente, yo lo veo complicado.



